CUIDADOS
Nuestros calzados están elaborados con cueros seleccionados y materiales de origen natural. Cada pieza es única: las pequeñas variaciones de tono, así como las marcas, venas, arrugas o pliegues propios de la piel, no son imperfecciones, sino el sello de su autenticidad, origen y carácter artesanal. El cuero genuino es un material vivo que se adapta a cada persona y mejora su impronta con el uso.
Para asegurar que tu calzado mantenga su confort, flexibilidad y aspecto con el paso del tiempo, elaboramos esta guía de limpieza y mantenimiento paso a paso según cada tipo de material.

Paso 1 de 3
Limpieza
Retirá el polvo y la suciedad superficial utilizando un cepillo de cerdas suaves o un paño seco. Si presenta manchas persistentes, pasá un paño apenas humedecido en agua y dejá secar a la sombra.

Paso 2 de 3
Hidratación y nutrición
Para cuero tradicional, aplicá una crema incolora o al tono con movimientos circulares para nutrir la superficie y evitar grietas. Para cuero engrasado, no utilices cremas: la idea es que conserve su aspecto rústico y vaya ganando carácter con el uso. Eventualmente podés aplicar una capa muy fina de grasa especial para cuero, pero tené en cuenta que puede oscurecer el tono original.

Paso 3 de 3
Lustrado y protección
Frotá la superficie con un paño seco o con un cepillo de cerda suave para devolverle su brillo natural (en cueros tradicionales) y retirar excesos. Mantené siempre el calzado alejado de fuentes de calor directo, humedad, agua o alcohol para proteger su textura.

Paso 1 de 3
Limpieza en seco
Utilizá un cepillo de cerdas suaves o cerdas de goma especial para gamuza. Peiná la superficie siempre en una misma dirección para eliminar el polvo y peinar las fibras del cuero.

Paso 2 de 3
Tratamiento de manchas
Para marcas superficiales, utilizá el cepillo suavemente para disiparlas. Evitá completamente el uso de agua, aceites o productos líquidos directo sobre el material. En caso de manchas de mayor complejidad recomendamos limpieza profesional.

Paso 3 de 3
Protección
Aplica un aerosol impermeabilizante a una distancia de 20 cm antes de usarlos por primera vez y de forma periódica. Esto creará una barrera protectora contra líquidos. Las manchas de grasa no pueden prevenirse con el aerosol.

Paso 1 de 3
Limpieza
Pasa un paño suave apenas humedecido con agua para retirar la tierra sin rayar la superficie. Secá inmediatamente con un paño limpio.

Paso 2 de 3
Evitar
No aplicar cera ni productos como acetona o alcohol. Los mismos opacarían la superficie de forma irreversible.Tené en cuenta que el cuero de alto brillo o el charol son materiales que poseen una película superficial que les aporta brillo. Con el uso, las marcas de la flexión del pie tienden a tornarse más visibles que en cueros comunes.

Paso 3 de 3
Guardado
Guardá el calzado en su funda o caja individual para evitar que el material entre en contacto directo con otros zapatos u objetos que puedan rayar la superficie.

Paso 1 de 3
Limpieza delicada
Al ser un material delicado requiere especial cuidado en su uso y manipulación. El metalizado es un acabado superficial sobre el cuero. Limpiá muy suavemente con un paño de algodón en seco. No uses cepillos ni paños abrasivos que puedan desgastar el pigmento metálico.

Paso 2 de 3
Conservación del color
No utilices cremas, alcoholes ni solventes, ya que pueden remover el brillo o alterar la capa metalizada de manera irreversible.

Paso 3 de 3
Cuidado especial
Evitá el roce constante con superficies ásperas o la fricción entre ambos pies al caminar. Guardalos en un lugar fresco, seco y protegidos de la luz solar para conservar el tono metalizado por más tiempo.

Paso 1 de 3
Remoción de polvo
Utilizá un cepillo de cerdas suaves para eliminar el polvo y la tierra seca de la trama del tejido.

Paso 2 de 3
Limpieza localizada
Si hay manchas, limpiá la zona afectada utilizando una esponja o paño suave apenas humedecido con agua y jabón neutro. Realizá movimientos suaves sin refregar en exceso para no manchar ni deformar la tela. No introducir ningún calzado al lavarropas.

Paso 3 de 3
Protección
Dejá secar siempre a la sombra en un lugar ventilado. Nunca expongas las telas húmedas al sol ni al calor directo, ya que esto puede amarillear el textil o debilitar sus fibras.
CUIDADO Y MANTENIMIENTO DEL CALZADO
La suela de cuero es un material noble, pensado principalmente para superficies secas. Para preservar su estado y mejorar su durabilidad, es recomendable evitar terrenos mojados o húmedos.
Si la suela se moja, dejala secar a temperatura ambiente, en un lugar ventilado y alejado de fuentes de calor. Evitá exponerla directamente a estufas, secadores o cualquier otra fuente de calor, ya que las altas temperaturas pueden resecar y endurecer el cuero favoreciendo la aparición de grietas.
Retirá el exceso de agua con un paño seco y dejá secar el calzado a temperatura ambiente, en un lugar ventilado y a la sombra. No lo expongas al sol directo, radiadores, estufas ni secadores de cabello, ya que el calor puede resecar y endurecer el cuero.
Para ayudar a conservar la forma, rellená el interior con papel limpio y absorbente y cambialo a medida que tome humedad. Evitá volver a usar el calzado hasta que esté completamente seco.
Las manchas de grasa o aceite pueden ser difíciles de eliminar por completo. Con algunos cuidados es posible atenuarlas, pero no siempre es posible recuperar el aspecto original del cuero.
Evitá frotar la mancha y no apliques agua, detergentes ni productos de limpieza domésticos, ya que pueden alterar el cuero y fijar o extender la mancha.
Si la mancha es reciente, colocá talco o fécula de maíz sobre la zona, sin refregar, y dejalo actuar durante varias horas o toda la noche. Luego retiralo suavemente con un cepillo de cerdas blandas.
No esperes a que el cuero se vea seco o rígido para hidratarlo. Después de cada uso, retirale el polvo y la suciedad superficial con un paño seco y, periódicamente, aplicá una crema incolora o al tono.
Si el calzado es de uso frecuente, podés hacerlo cada 15 a 30 días. Si lo usás ocasionalmente, alcanza con hacerlo al inicio y al final de cada temporada.
Antes de guardarlo, asegurate de que el calzado esté limpio y completamente seco. Evitá las bolsas de plástico o las cajas herméticas: el cuero necesita ventilación y la humedad acumulada puede favorecer la aparición de hongos.
Guardalo en bolsas de tela o en su caja con el papel de seda, en un lugar seco, fresco y protegido de la luz directa. Para conservar la forma del calzado y reducir la formación de pliegues, podés rellenar la capellada con papel.
No. El calzado no cede en el largo. Con el uso, el cuero puede amoldarse en el ancho y adaptarse a determinados puntos de presión, pero no aumenta significativamente el espacio disponible en la punta.
La estructura de la puntera ayuda a mantener la forma original del calzado. Si al probarte un zapato los dedos llegan a tocar el extremo delantero, lo recomendable es probar un talle más.